Por Luis Miguel Castilla

El Perú enfrenta hoy un momento particularmente delicado en materia económica. No se trata únicamente de cifras o indicadores, sino de credibilidad. Y esa credibilidad se ha visto erosionada, en gran medida, por la alarmante inestabilidad en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). En los últimos años, hemos tenido ministros cuya permanencia promedio no supera los cinco meses. Con esos plazos, resulta imposible pensar en políticas públicas consistentes o en una estrategia fiscal de mediano plazo.

Un nombramiento técnico con un desafío político

En este contexto, el reciente nombramiento de Rodolfo Acuña representa, sin duda, una señal positiva. Se trata de un técnico con amplia experiencia en el MEF, alguien que conoce desde dentro las complejidades del manejo presupuestal. Sin embargo, su verdadero desafío no será técnico, sino político. Gobernar las finanzas públicas en el Perú actual implica resistir presiones constantes y, sobre todo, defender principios.

El riesgo fiscal de las decisiones del Congreso

Uno de los principales riesgos proviene del Congreso, que en reiteradas ocasiones ha aprobado normas con un impacto fiscal significativo sin el debido sustento. Hemos visto cómo, en cuestión de horas, se pueden comprometer miles de millones de soles, debilitando cualquier intento de disciplina fiscal. Este comportamiento no solo es irresponsable, sino que refleja una peligrosa lógica de corto plazo, más aún en un contexto preelectoral.

La necesidad de recuperar el rol técnico del MEF

El MEF no puede seguir cediendo terreno. Es indispensable que recupere su rol como garante de la sostenibilidad fiscal. Esto implica, si es necesario, recurrir al Tribunal Constitucional para establecer límites claros sobre la iniciativa de gasto. No hacerlo sería, en la práctica, renunciar a una de sus funciones esenciales.

Presiones externas y deterioro del espacio fiscal

Al mismo tiempo, enfrentamos presiones externas que complican aún más el panorama. El alza del precio del petróleo impacta directamente en la inflación y pone en evidencia las limitaciones del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, cuyo uso resulta cada vez más costoso y menos sostenible. A ello se suma el deterioro del ahorro público: hemos pasado de una deuda neta de 4 % del PBI a cerca del 25 %, reduciendo nuestro margen de maniobra ante futuras crisis.

Recuperar la responsabilidad en el manejo fiscal

El Perú necesita, con urgencia, recuperar la racionalidad en el manejo de sus finanzas públicas. No es un tema ideológico, sino de responsabilidad. Lo que está en juego no es el éxito de un gobierno, sino la estabilidad económica de todos los peruanos.

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