Por Luis Miguel Castilla
Frente al fenómeno del Niño costero de magnitud aún incierta, el Gobierno cuenta con fondos de contingencia y mecanismos presupuestales diseñados precisamente para responder a emergencias climáticas. El problema no es la ausencia de recursos, sino la eficacia del Estado para utilizarlos a tiempo y de manera transparente. Cada año se repite el mismo patrón: las autoridades reaccionan cuando el desastre ya ocurrió, mientras la prevención queda relegada. Parte de esta ineficiencia responde a gobiernos absorbidos por la confrontación política permanente, más concentrados en sobrevivir institucionalmente que en cumplir sus funciones centrales, además de la alta tasa de rotación de autoridades, que resta continuidad a la función pública y ralentiza la toma oportuna de decisiones.
Un gabinete con poco margen y alto escepticismo
En este contexto, el flamante gabinete presidido por Denisse Miralles enfrenta un escenario complejo. Su margen de maniobra es reducido por la dependencia política respecto del Congreso. Aunque aún es temprano para emitir un juicio definitivo, el escepticismo resulta inevitable. Las decisiones económicas requieren estabilidad y coordinación, pero el Ejecutivo opera bajo presión constante y con incentivos que privilegian cumplir con los designios de los partidos que llevaron al poder al presidente interino Balcázar. El reto de este gabinete, con cinco meses efectivos de gestión, será demostrar capacidad técnica y continuidad en la gestión pública para atender los desastres naturales y garantizar elecciones limpias y transparentes. Dicho lo anterior, es urgente evitar retrocesos. Tal es el caso del anuncio de la ministra Miralles de que ya no presentará una acción de inconstitucionalidad ante el TC para zanjar la iniciativa de gasto del Legislativo, probablemente por temor a generar un nuevo flanco con el Parlamento. Esta señal muestra un cambio en la postura del MEF que, por omisión en su rol de garante de la estabilidad fiscal del país, continuará acumulando contingencias por la aprobación de iniciativas de gasto del Congreso. Algo similar podría ocurrir con el proceso de reestructuración patrimonial de Petroperú.
Elecciones decisivas en medio de incertidumbre política
Todo lo anterior ocurre a semanas de los comicios, en un escenario marcado por la alta indecisión del electorado y pugnas entre partidos en lugar de discusiones programáticas serias. El hecho de que la mayoría de anuncios políticos carezcan de viabilidad técnica debilita la confianza ciudadana en el futuro político del país. En ese contexto, la elección de un nuevo Senado adquiere especial relevancia: una cámara alta bien conformada podría elevar la calidad del debate legislativo, frenar iniciativas improvisadas y contribuir a recuperar la gobernabilidad. Los partidos en competencia no invitan al optimismo, pero algunas trayectorias individuales sí podrían marcar diferencias. Por ello, el verdadero cambio dependerá del votante. Un voto informado, crítico y responsable será clave para evitar que el país pierda otra década entre improvisaciones y conflictos estériles.
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