Por Luis Miguel Castilla
El Perú se encuentra en una posición cada vez más sensible dentro de la competencia estratégica entre Estados Unidos y China en el hemisferio occidental. El renovado énfasis de Washington en limitar la influencia económica china en América Latina implica presiones diplomáticas que podrían afectar directamente a países con alta exposición a inversión asiática. Para nuestro país, el desafío es cómo sostener una política exterior pragmática sin quedar atrapado en dinámicas de rivalidad entre potencias.
El puerto de Chancay como punto de tensión geopolítica
El caso del puerto de Chancay sintetiza este dilema. La infraestructura, financiada principalmente con capital chino y concebida como nodo logístico entre Sudamérica y Asia, representa una oportunidad económica significativa para el Perú. Sin embargo, el reciente comunicado del Departamento de Estado estadounidense señalando preocupación por la posibilidad de que el país no pueda supervisar adecuadamente el terminal introduce un elemento geopolítico explícito. Más allá del tono diplomático, el mensaje subyacente es claro: EE. UU. considera que el control extranjero de infraestructura estratégica puede traducirse en pérdida de capacidad soberana.
Soberanía regulatoria y control de infraestructura estratégica
El trasfondo inmediato es la controversia judicial que habría limitado temporalmente facultades regulatorias nacionales sobre el puerto. Aunque el Estado peruano mantiene jurisdicción formal, la discusión revela un punto crítico: la soberanía contemporánea no se define solo por fronteras territoriales, sino por la capacidad efectiva de regular activos estratégicos. En ese sentido, el pronunciamiento estadounidense envía una señal regional sobre los riesgos que, desde su perspectiva, implica la expansión de capital chino en sectores sensibles.
Más allá de la competencia: la centralidad de China en la economía peruana
El análisis no puede reducirse a la lógica de competencia entre potencias. China es el principal socio comercial del Perú y un actor relevante en financiamiento e infraestructura. Su presencia ha permitido ejecutar proyectos que difícilmente habrían avanzado con otras fuentes de inversión. El problema no es la participación china en sí misma, sino las condiciones institucionales bajo las cuales se materializa.
Desafíos de transparencia y gobernanza en la inversión extranjera
En diversos países se han planteado cuestionamientos sobre estándares de transparencia y gobernanza corporativa de algunas empresas estatales chinas. Esto evidencia asimetrías regulatorias y contractuales que pueden debilitar la capacidad fiscalizadora de los Estados receptores si no cuentan con marcos normativos sólidos.
Una estrategia nacional basada en fortalecimiento institucional
Para el Perú, el riesgo principal no es elegir entre Estados Unidos o China, sino quedar expuesto a presiones simultáneas sin una estrategia clara. La respuesta pasa por fortalecer instituciones regulatorias, garantizar acceso público a contratos de gran escala y asegurar que toda inversión extranjera —independientemente de su origen— se someta a estándares uniformes de transparencia y control.