Por Luis Miguel Castilla
Este año, SUNAT ha logrado una recaudación histórica: entre enero y noviembre de 2025, los ingresos tributarios netos del Gobierno central sumaron S/ 159,496 millones, lo que representa un aumento del 11.5 % respecto al mismo período de 2024. Si se cumple la proyección planteada, la recaudación anual cerraría en torno a los S/ 173,377 millones, cifra que implicaría duplicar —según la entidad— lo recaudado en promedio hace una década. Este desempeño —sin duda relevante— le da a SUNAT una base poderosa para fortalecer las finanzas del Estado y justificar su rol central en la recaudación.
Elevada recaudación no justifica discrecionalidad
Sin embargo, alcanzar cifras elevadas no debe ser sinónimo de indefinición normativa o discrecionalidad. El problema surge cuando la forma de operar mina el principio de seguridad jurídica. La arbitrariedad administrativa en la interpretación de normas tributarias convierte obligaciones claras en ambiguas y legitima decisiones que varían de un auditor a otro, o de un periodo a otro, sin un marco transparente. Al multiplicarse los criterios, crece también la frustración del contribuyente formal, quien no puede planificar ni prever con certeza sus obligaciones.
Doble estándar tributario y señales confusas al mercado
La inconsistencia en la política tributaria profundiza esa fractura institucional. Resulta contradictorio endurecer la fiscalización sobre quienes cumplen, mientras se otorgan beneficios selectivos a ciertos sectores con una lógica que responde más a intereses coyunturales que a racionalidad técnica. Esa dualidad —control estricto aquí, concesiones allá— envía señales confusas al mercado y desalienta la formalidad.
Riesgo creciente de cumplir la ley en un entorno incierto
Peor aún: cuando la recaudación depende cada vez más de la fiscalización intensiva y la carga de obligaciones a contribuyentes, dejar de lado la claridad regulatoria implica que cumplir la ley puede resultar más riesgoso que evadirla. Esa percepción erosiona no solo la credibilidad de SUNAT, sino la confianza de quienes deberían ser aliados naturales del sistema tributario.
Hacia una administración tributaria más clara, técnica y cooperativa
En consecuencia, una administración tributaria debiera reorientar su enfoque hacia la simplicidad normativa, la predictibilidad y la cooperación con el contribuyente. Eso implica reducir la discrecionalidad mediante criterios administrativos públicos, estables y alineados con estándares internacionales; fortalecer mecanismos de prevención antes que de sanción; profesionalizar al personal fiscalizador para asegurar decisiones técnicas y homogéneas; y desplegar tecnología que facilite el cumplimiento, no que complique procesos ni penalice errores formales. En lugar de sospechar sistemáticamente del contribuyente que cumple, se debe promover la confianza mutua. Solo así la recaudación crecerá no por la presión o el miedo, sino por la expansión sostenible de la formalidad y la base tributaria, garantía real de estabilidad fiscal y desarrollo económico.