Por Paola Bustamante
La indignación que hoy sienten tantas personas frente a las promesas rotas, la ineficiencia y la desconexión de quienes nos representan es legítima, humana y profundamente comprensible. Pero, por sí sola, no construye futuro. A una semana de las elecciones generales, el verdadero desafío no es quedarnos en el descontento, sino dar el paso hacia una ciudadanía activa, informada y decidida. Porque cuando renunciamos a participar, otros ocupan ese espacio y deciden por nosotros. Votar, entonces, no es una carga ni un trámite: es la forma más concreta de convertir la frustración en una decisión consciente, el hartazgo en responsabilidad y la esperanza en una posibilidad real de cambio para el Perú.
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