Por Luis Miguel Castilla
Existe una narrativa que atribuye la pobreza persistente en el Perú a las insuficiencias del modelo económico. Los datos la desmienten. En las últimas tres décadas, el crecimiento sostenido redujo la pobreza a menos de la mitad y generó una clase media que antes no existía. El modelo funcionó donde tenía que funcionar: en crear riqueza. Lo que no funcionó —y sigue sin funcionar— es el aparato estatal encargado de distribuirla en forma de servicios públicos de calidad.
La precariedad de los servicios públicos refleja problemas de gestión e integridad
La ENAHU de 2025 muestra que el 20.8% de los pobres extremos carece de agua con cloro adecuado; apenas el 36.7% tiene desagüe por red pública; siete de cada diez peruanos rurales dependen de pozos ciegos o letrinas. No es falta de recursos lo que explica esto. Los gobiernos regionales reciben presupuesto en cantidades considerables. Es falta de capacidad de gestión, de presencia institucional en el territorio y, en muchos casos, de integridad. La inoperancia, la ineficacia y la corrupción forman una trinidad que convierte el presupuesto en papel y la infraestructura en obra inconclusa.
La asistencia técnica en regiones mostró que sí es posible mejorar resultados
El programa de acompañamiento técnico que Videnza Instituto, con apoyo del Instituto Bicentenario, implementó entre 2025 y 2026 en Cusco, Junín y Arequipa ofrece una lección precisa. Cusco cerró el 2025 con una ejecución del 96% de su cartera priorizada y alcanzó el primer lugar en el Índice de Gestión de las Inversiones Públicas. Arequipa registró 99.9% de ejecución. Junín pasó de un porcentaje de proyectos cerrados de 16% en octubre a casi 55% en febrero de 2026. Lo que cambió no fue el presupuesto asignado, sino la presencia de asistencia técnica especializada, con foco territorial y resolución de cuellos de botella concretos.
El liderazgo político es la condición para que el acompañamiento funcione
La lección de fondo es política, no técnica. La asistencia funciona cuando el gobernador la hace suya: cuando valida los productos, participa en los comités y toma decisiones con celeridad. Sin ese compromiso, las recomendaciones quedan en papel. El acompañamiento externo no reemplaza la voluntad política; la activa y la sostiene. Por eso, la réplica a escala requiere tres condiciones: institucionalizar los comités de seguimiento de inversiones como mecanismos permanentes; blindar los avances frente a la rotación de personal; y escalar con indicadores homogéneos que permitan comparar resultados entre regiones.
El verdadero cambio pasa por transformar riqueza en servicios efectivos




