Por Luis Miguel Castilla

El próximo Fenómeno El Niño ya tiene fecha. La NOAA confirmó su formación en el Pacífico ecuatorial y el Enfen mantiene la alerta de El Niño costero hasta febrero del 2027, con una ventana de mayor exposición a lluvias extremas, crecidas y huaicos entre enero y marzo. El calendario climático no se detiene a esperar el relevo político del 28 de julio.

Más gasto no significa mejor prevención

El diagnóstico es conocido y, en cierto modo, paradójico. El Perú es el país de América Latina que más gasta por habitante en reducir su vulnerabilidad frente a desastres (US$ 18.98 per cápita entre 2014 y 2023, muy por encima de México y Brasil), pero también el que peor ejecuta. El 93% del gasto público asociado al cambio climático se destina a gasto corriente y apenas el 7% a inversión. Más de S/ 10 mil millones siguen atrapados en obras de la Reconstrucción con Cambios: la Contraloría reportó 202 obras paralizadas, 113 de ellas sin presupuesto asignado para este año. Gastar más, está visto, no equivale a prevenir mejor.

Una respuesta financiera todavía insuficiente

A ello se suma una arquitectura financiera frágil. El Fondes se recarga cada año con presupuesto público y se agota rápido ante eventos de gran magnitud. A diferencia de Chile y Colombia, que combinan fondos públicos, líneas de crédito contingente y seguros privados, o de México, que conserva bonos catastróficos vigentes hasta el 2028, el Perú depende casi exclusivamente de lo que tenga disponible y de los préstamos que pueda gestionar. No contamos con mecanismos que liberen recursos de forma automática cuando la emergencia llega.

Una agenda urgente para la transición

De aquí se desprende una agenda concreta y compartida. A las autoridades salientes les corresponde ordenar la cartera de obras paralizadas, asegurar la continuidad presupuestal y entregar una transición transparente, sin decisiones congeladas por el cambio de gobierno. A las entrantes les toca priorizar la ejecución por encima del gasto, destrabar las obras críticas antes del verano, blindar financieramente al país con instrumentos de transferencia del riesgo y garantizar la coordinación entre los tres niveles de gobierno.

Prevenir ahora o pagar después

El Perú ya cuenta con diagnósticos, presupuesto y experiencia acumulada. Lo que falta es capacidad de ejecución y voluntad de planificar más allá del ciclo político. Si no actuamos ahora, el próximo Niño volverá a encontrarnos con los mismos recursos y sin resultados, y con millones de peruanos expuestos a una vulnerabilidad que pudo reducirse a tiempo. La prevención no admite prórrogas: o se decide en estos meses, o se paga después en vidas y en obras perdidas.

Conoce más en el informe de Videnza Instituto publicado en El Comercio: