Por Luis Miguel Castilla
En 2015, ante el pronóstico de un Niño extraordinario para el verano 2015-2016, el gobierno saliente hizo lo que correspondía: declaró la emergencia preventiva, adelantó las compras públicas y posicionó equipos y obras antes de entregar el mando. El fenómeno se retrasó y golpeó recién en 2017, ya con Pedro Pablo Kuczynski en Palacio. Aquella previsión —aeronaves, buques, logística y obras dejadas por la administración anterior— fue precisamente lo que permitió enfrentar el Niño Costero con relativo orden.
Las alertas ya están sobre la mesa
Hoy ocurre lo contrario. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ya confirmó la formación de El Niño en el Pacífico, con alta probabilidad de magnitud fuerte, y la Comisión Multisectorial ENFEN proyecta su persistencia hasta febrero de 2027, con el pico entre enero y marzo. El país tiene meses de aviso. Y, sin embargo, a semanas del cambio de mando del 28 de julio, no existe un esfuerzo anticipatorio comparable al de 2015.
Recursos existen, ejecución no
El problema no es de recursos. El Ministerio de Economía y Finanzas sustenta en el Congreso un crédito suplementario de S/ 9,566 millones que incluye prevención frente al Niño (más gasto de corte clientelar). Sin embargo, no hay claridad sobre cuánto llegará efectivamente a las obras: la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) estima que solo hasta diciembre requiere unos S/ 800 millones, mientras defensas críticas como las quebradas San Ildefonso y San Carlos, en Trujillo, siguen al 70% y sin financiamiento cerrado. Hay caja, pero falta decisión y ejecución.
Una transición sin preparación suficiente
Esa es la diferencia que pesará. El gobierno saliente, sin mandato (y con un presidente que se pasea en Roma), no está adelantando las compras que sí hizo Humala; el entrante recibirá la emergencia sin la red de seguridad que aquella previsión creó. Y las autoridades subnacionales asumen el 1 de enero de 2027, en pleno fenómeno, sin espacio para una curva de aprendizaje.
La primera gran prueba del próximo gobierno
El resultado previsible es un impacto mayor por falta de preparación, teniendo los recursos a la mano. El Niño será la primera prueba de fuego del próximo gobierno, y todo indica que llegará a ella peor preparado que sus antecesores.
Todavía hay tiempo para actuar
Aún hay margen. En estas cinco semanas, el gobierno saliente puede declarar la emergencia por peligro inminente en las regiones del norte, que habilita contrataciones directas y acelera la respuesta; blindar dentro del crédito suplementario un monto fijo para prevención y transferirlo a la ANIN y a los gobiernos subnacionales con metas de ejecución verificables; adelantar antes del 28 de julio las compras y contratos de descolmatación, bombas y puentes modulares; cerrar el financiamiento de las defensas de Trujillo; y dejar una carpeta de entrega que permita a las autoridades entrantes, nacionales y subnacionales, continuar sin reiniciar la curva. La previsión sigue siendo posible; lo que falta es la decisión de ejercerla.