Por Luis Miguel Castilla

El futuro económico del Perú se juega en su gente joven. Son el bono demográfico que sostendrá la productividad, el consumo y la recaudación de las próximas décadas. Pero ese activo se deprecia cada año que postergamos su empleabilidad. Las cifras del INEI al primer trimestre de 2026 son contundentes: la informalidad juvenil alcanza 84.8%, frente a 69.8% del promedio nacional; el desempleo juvenil bordea 9.6%, casi el doble del 5.1 % general; y solo 33.6% de los jóvenes ocupados tiene empleo adecuado. Un  q, muy por debajo de los S/ 1,925 del trabajador promedio.

Las barreras que enfrentan los jóvenes para acceder a un empleo digno

El problema no es únicamente conseguir trabajo, sino acceder a uno digno. La falta de experiencia (47.7 %) y la escasez de vacantes formales (21.9 %) empujan a miles hacia la informalidad o los expulsan del sistema: 17 % ni estudia ni trabaja. Mejorar la empleabilidad —vía formación técnica, articulación con el sector privado y reducción de los costos de contratar formalmente— debería ser el eje de cualquier propuesta seria.

Dos visiones opuestas sobre el empleo juvenil

Y aquí las visiones de segunda vuelta divergen. Fuerza Popular apuesta por incentivos a la contratación, subsidios a la seguridad social, capital semilla y formación técnica desde la secundaria. Discutible en su financiamiento, pero coherente con el diagnóstico. Las propuestas de Sánchez, en cambio, son populismo en estado puro. Elevar el salario mínimo a S/ 1,500 (un alza de 33 %) en un mercado donde el 85 % de los jóvenes es informal no genera empleo, sino que encarece la formalidad y empuja a más jóvenes hacia la precariedad que dice combatir. A ello suma un bono de S/ 6,150 y un subsidio al empleador, sin un solo detalle sobre su viabilidad técnica o fiscal, y un Estado “más activo” que choca de frente con el escaso espacio presupuestal del próximo gobierno.

La necesidad de propuestas viables para la juventud

Es una ficción irresponsable prometer dignidad por decreto. Pero la dignidad laboral no se legisla, se construye con productividad y reglas que premien formalizar. Lo contrario es condenar a una generación a pagar la cuenta de las promesas que no podremos honrar. En el debate técnico de la semana pasada se discutieron estos temas, pero la pulla política domina esa discusión y se desperdició una oportunidad importante para establecer medidas viables para mejorar las condiciones de vida de la juventud. En este sentido, una omisión grosera fue qué hacer para mejorar la calidad de la educación superior, de cara a la contrarreforma educativa y la absurda creación de nuevas universidades públicas con móviles políticos.

Lo que realmente está en juego para los jóvenes peruanos

Sin embargo, lo más importante es que una economía que deja de crecer por la adopción de malas políticas económicas, como las prometidas por Juntos por el Perú, penaliza las posibilidades de empleo, especialmente para los 8.5 millones de peruanos entre 15 y 29 años, y eso es lo que realmente nos estamos jugando en la elección del próximo 7 de junio.

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