Por Melany Ferreyra

Arequipa ha sido históricamente una de las regiones mejor posicionadas del país, pero la pandemia dejó brechas que aún no se han revertido, especialmente en salud. Aunque la economía muestra señales de recuperación, la pobreza monetaria sigue por encima de los niveles prepandemia y casi tres de cada diez arequipeños están en riesgo de caer en pobreza ante una crisis inesperada, como una enfermedad u hospitalización. A ello se suma que, pese a contar con una oferta relativamente alta de camas hospitalarias y médicos en el sector público, persisten limitaciones en la atención continua, el abastecimiento de medicinas esenciales y el acceso efectivo a servicios de salud. Esta situación ha llevado a que cada vez más personas recurran a farmacias en lugar de centros de salud, lo que reduce sus posibilidades de recibir un diagnóstico médico adecuado. Además, indicadores como la anemia infantil y la desnutrición crónica muestran un deterioro preocupante. Frente a este escenario, se requieren reformas estructurales que fortalezcan la rectoría del sector, reactiven la atención primaria, mejoren la continuidad operativa, impulsen la digitalización y aseguren una gestión libre de interferencias políticas y corrupción, para que la salud deje de ser una deuda pendiente con la población arequipeña.

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