Por Luis Miguel Castilla

En un país donde la estabilidad macroeconómica es frágil y la proliferación de leyes con impacto fiscal negativo se ha convertido en un riesgo estructural, el retorno a la bicameralidad no puede verse como un simple reacomodo institucional. La bicameralidad, bien diseñada y bien utilizada, puede convertirse en un contrapeso necesario frente a una cámara de diputados que en los últimos años ha mostrado una preocupante inclinación a aprobar leyes sin sustento técnico y con costos fiscales crecientes. Si el país aspira a recuperar previsibilidad, disciplina y rumbo económico, necesita un Senado que funcione.

Un Congreso que aprueba normas con impacto fiscal creciente

Recordemos que el Congreso actual ha aprobado un número creciente de leyes con impacto fiscal adverso, incluso vulnerando la iniciativa exclusiva del Ejecutivo en materia presupuestal. El Consejo Fiscal identificó 229 normas con efectos fiscales, y casi la mitad se aprobaron por insistencia. Estos patrones no solo comprometen la estabilidad de las cuentas públicas, sino que afectan directamente la percepción de riesgo país y desincentivan la inversión. Por ello, uno de los mayores aportes del nuevo Senado será la reinstalación de filtros institucionales para evitar estos excesos.

Nuevas reglas para mejorar la calidad del gasto y las decisiones tributarias

Las reformas establecen que la Ley de Presupuesto, que está a poco de aprobarse, deberá volver a su naturaleza estrictamente presupuestal; que existirá una comisión bicameral para analizarla; y que, en materia tributaria, los beneficios o exoneraciones requerirán mayorías calificadas en la cámara alta. Esto introduce un freno técnico y político frente a normas que erosionan la recaudación y fragmentan el sistema tributario.

Un rol decisivo en la designación de autoridades económicas

A ello se suma una responsabilidad crítica: la designación de autoridades económicas clave. El Senado elegirá a tres directores del Banco Central de Reserva, ratificará a su presidente, nombrará al superintendente de Banca, Seguros y AFP, y también al contralor. Estas decisiones influyen directamente en la estabilidad monetaria, la supervisión del sistema financiero y la integridad del gasto público.

El riesgo de un Senado capturado por intereses ilegales

Pero que exista un Senado no garantiza, por sí mismo, que cumplirá su rol de instancia reflexiva y filtro de legislación que no cumpla el mínimo estándar de calidad regulatoria. Si la cámara alta termina dominada por partidos precarios o por intereses ilegales, corremos el riesgo de tener un Senado “todopoderoso”, capaz de capturar las instituciones económicas que debería proteger. La minería ilegal, el narcotráfico y otras economías criminales ya han mostrado su habilidad para infiltrar estructuras políticas débiles. Si ese patrón se reproduce en una cámara con poder para nombrar a las autoridades económicas más importantes del país, el daño macroeconómico puede ser grave y duradero.

El desafío central: que el Senado realmente funcione

El reto, entonces, no es solo estrenar un Senado: es asegurarse de que este sea capaz de defender el interés público y reconstruir la previsibilidad que la economía peruana tanto necesita.

Lee el informe de Videnza Instituto publicado en El Comercio: