Por Luis Miguel Castilla
El sorpresivo relevo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) confirma la nula importancia que la presidenta Boluarte le otorga a la estabilidad en la conducción de la política económica, factor clave para la generación de confianza. Resulta una muy mala práctica cambiar a ministros de Estado con la frecuencia que lo hace este gobierno. La permanencia promedio de un titular del MEF se ha reducido a 6 meses, comparado con gobiernos anteriores en los cuales la permanencia era de años. Esto impide que haya continuidad en la aplicación de políticas públicas e introduce incertidumbre que afecta la correcta administración de sectores tan sensibles como economía. Se ralentiza la toma de decisiones al introducir desincentivos para los funcionarios públicos, con graves consecuencias para la economía. Ni hablar de otros sectores como Interior, donde la permanencia se ha reducido a dos meses. Poco o nada se puede hacer con esta elevadísima tasa de rotación.
Un cambio inoportuno y sin justificación clara
Este cambio resulta inoportuno, estando a menos de un año de las elecciones generales y en un momento de nula desaprobación de la gestión del Ejecutivo. No resulta clara la motivación para la salida del exministro Salardi, habida cuenta de que en tres meses al mando del MEF había logrado recuperar la confianza empresarial con una clarísima política de trabajar junto con el sector empresarial para remover trabas y cuellos de botella que afectaban la velocidad de la inversión privada. Aunque no exento de cuestionamientos, su ambiciosa apuesta por las Asociaciones Público-Privadas estaba siendo reconocida por la mayoría de analistas e inversionistas. Quizá la crítica a su gestión es que no parecía tener un gran apego a la disciplina fiscal por ser más proclive a dar pase a tratamientos tributarios preferenciales que harán difícil cumplir con las reglas fiscales.
El reto del nuevo ministro: continuidad y disciplina fiscal
Si bien el ministro Pérez Reyes tiene experiencia en el sector público, el desafío central será su capacidad de evolucionar de ministro sectorial a un MEF que tenga la capacidad de contener las presiones políticas que tendrá que sortear. Urge darle continuidad al shock desregulador de Salardi y asegurar el cumplimiento de las reglas fiscales para recuperar el terreno perdido. En el más breve plazo, tiene que sentar posición respecto de varios proyectos de concesión que están por renovarse, definir si mantendrá la línea de no otorgar nuevos salvatajes financieros a Petroperú, reglamentar la reforma previsional para desincentivar nuevos retiros de los fondos privados de pensiones, formular el presupuesto del sector público para el 2026 y empezar a dejar la casa ordenada para la transición de gobierno. Todas estas tareas demandan capacidad técnica, conocimiento del sector economía y un respaldo total de la presidenta y el nuevo premier que debe juramentar en las próximas horas. Son tareas muy importantes que ojalá haya el tiempo suficiente para llevar adelante una gestión adecuada.
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