Por Luis Miguel Castilla

Los últimos datos del INEI no dejan margen para la complacencia: Lima Metropolitana registra hoy una tasa de pobreza monetaria de 27.3%, un nivel 2.5 veces superior al de 2015 y casi idéntico al del año de la pandemia. En términos concretos, hay 2.1 millones de limeños pobres más que hace una década. Es el mayor retroceso social de la capital en su historia reciente, y ocurrió en los conos y en los barrios donde el Estado hace tiempo dejó de llegar.

El nuevo rostro de la pobreza urbana

Lo que revelan las cifras es la naturaleza del nuevo rostro de la pobreza: es urbana, laboral y cara. El 75.3% de los pobres en Lima trabaja de manera informal. La inseguridad alimentaria en la capital supera ya a la del ámbito rural (41.6% de hogares limeños no accede a la canasta calórica mínima), porque en la ciudad se come cuando alcanza el dinero, no cuando hay producción para el autoconsumo. Y vivir pobre en Lima cuesta más: la línea de pobreza en la capital asciende a S/ 568 por persona, frente a S/ 462 a nivel nacional, porque aquí pesan el transporte, el alquiler, el gas y los servicios.

Las respuestas pendientes frente a la pobreza urbana

Este diagnóstico exige respuestas serias: una estrategia multisectorial para Lima, empleo con mayor productividad, mejora del transporte y el agua, formalización gradual y fortalecimiento de la capacidad ejecutora del Estado. Son tareas complejas, que requieren instituciones que funcionen, inversión privada que llegue a los sectores rezagados y una macroeconomía estable que financie servicios sin desbaratar las cuentas fiscales.

El riesgo de debilitar el crecimiento y la inversión

Por eso resulta alarmante que en esta campaña electoral algunos candidatos, como Roberto Sanchez, propongan desmantelar el modelo económico, intervenir el BCRP, renacionalizar industrias o ahuyentar la inversión con señales hostiles al capital privado. No es una postura heterodoxa: es una receta para profundizar exactamente lo que muestran los datos. Sin crecimiento sostenido y sin inversión privada, no hay empleo formal, no hay ingresos tributarios para financiar servicios públicos y no hay manera de cerrar las brechas de agua, transporte y alimentación que hoy definen la vida de millones de limeños.

Crecimiento y gestión para enfrentar la pobreza

La pobreza urbana no se resuelve con más Estado disfuncional ni con retórica contra el mercado. Se resuelve con gestión, con instituciones sólidas y con una economía que crezca para todos. Quien prometa lo contrario no está ofreciendo cambio, sino que está garantizando más de lo mismo.

Conoce más en el informe de Videnza Instituto publicado en Correo: