Por Nicolás Besich
Aunque la pobreza monetaria disminuyó en el último año y cerca de 600 mil peruanos salieron de esta condición, el país aún está lejos de recuperar el terreno perdido tras la pandemia. La pobreza sigue por encima de los niveles de 2019 e incluso de 2013, mientras que casi un tercio de la población permanece en situación de vulnerabilidad, expuesta a caer en pobreza ante una enfermedad, la pérdida de empleo o cualquier crisis inesperada. En este escenario, reducir la pobreza de manera sostenida exige mirar más allá de las mejoras puntuales y atender tres factores centrales: impulsar el crecimiento económico mediante inversión privada, empleo formal y mayor productividad; recuperar la estabilidad política e institucional para generar confianza y evitar que la incertidumbre frene proyectos e inversiones; y fortalecer la gestión pública para que los recursos se traduzcan en servicios efectivos, especialmente para los hogares más pobres. Sin avances en estos tres frentes, el país seguirá celebrando reducciones pequeñas mientras una parte importante de la población continúa viviendo al límite.