Por Luis Miguel Castilla
A doscientos años de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la vinculación bilateral sigue siendo estructural: el mercado estadounidense es el destino de más de 2,000 productos peruanos distintos, y Washington es nuestro socio histórico en defensa, seguridad y desarrollo institucional. Sin embargo, la administración Trump ha introducido una nueva variable: la unilateralidad arancelaria como instrumento de presión, cuyo impacto sobre las exportaciones peruanas de acero, aluminio y cobre ya es perceptible en varios sectores.
La creciente gravitación de China redefine el posicionamiento del Perú
Al mismo tiempo, China se ha convertido en nuestro primer socio comercial e inversor dominante en sectores estratégicos. El megapuerto de Chancay es la expresión más visible de esa presencia. Las exportaciones al gigante asiático representan más del ocho por ciento del PBI, sostenidas casi enteramente por la minería. Esta doble dependencia define el dilema estructural del Perú en el nuevo orden mundial. La administración Trump está privilegiando lo geopolítico tanto en el terreno militar como en el comercial, y el Perú figura explícitamente como aliado principal en su documento de estrategia de seguridad nacional.
Los metales críticos abren una oportunidad estratégica para el país
Es en este contexto donde la demanda global de metales críticos emerge como una oportunidad histórica. Para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050, el mundo requerirá tres veces más cobre y catorce veces más litio. El Perú posee el 10.2% de las reservas mundiales de cobre, proyectos emergentes de litio en roca y produce ocho de los minerales críticos identificados por la comunidad internacional. Claramente, nuestro país puede y debe beneficiarse de esta oportunidad.
Exigir mejores estándares también responde al interés nacional
La presión estadounidense para establecer estándares que limiten la presencia china puede percibirse como una imposición motivada por la rivalidad entre potencias. Pero es mucho más que eso: exigir transparencia contractual, transferencia tecnológica, respeto a estándares laborales y ambientales, y reciprocidad en las condiciones de acceso son demandas que sirven al interés peruano con independencia de quién las formule.
La clave está en negociar mejor sin perder credibilidad interna
