Por Luis Miguel Castilla
El balance económico de 2025 deja más luces que sombras, aunque sería un error confundir este mejor desempeño con la resolución de los problemas estructurales que arrastra el país. Tras varios años de bajo dinamismo, la economía muestra señales claras de recuperación: un crecimiento cercano al 3,3%, impulsado por la demanda interna, una inversión privada que vuelve a expandirse a tasas de dos dígitos y un consumo que se fortalece gracias al empleo formal y a una inflación contenida. A diferencia de otros episodios recientes, esta vez no se trata de un simple rebote estadístico, sino de una mejora más extendida de la actividad productiva.
Un inicio de 2026 con optimismo moderado y riesgos latentes
Este desempeño sienta una base razonable para iniciar 2026 con cierto optimismo. Si las expectativas empresariales logran mantenerse relativamente al margen del proceso electoral y el entorno externo sigue siendo favorable, el crecimiento podría sostenerse alrededor del 3%. No obstante, este escenario positivo convive con riesgos evidentes: la inseguridad ciudadana continúa afectando sectores clave y la inevitable curva de aprendizaje de las nuevas autoridades limitará el ritmo de expansión en el corto plazo.
Consolidación fiscal con avances, pero aún frágil
En el frente fiscal, el probable cumplimiento de la regla en 2025 es una buena noticia, pero incompleta. La consolidación se apoya más en ingresos excepcionales que en una disciplina real del gasto, mientras persisten presiones provenientes de iniciativas legislativas y contingencias fiscales relevantes. A ello se suma el riesgo latente de empresas públicas deficitarias (e insolventes), que siguen representando una amenaza para las finanzas del Estado. El anunciado decreto de urgencia respecto a la reorganización y cambios patrimoniales de Petroperú marcará la agenda en los próximos días. De otro lado, aunque la deuda bruta permanece en niveles bajos en comparación regional, el aumento de la deuda neta reduce el margen de acción ante futuros shocks.
Estabilidad macroeconómica y decisiones impostergables
El desafío hacia adelante no es solo preservar la estabilidad macroeconómica, sino recuperar un rumbo claro. Mantener una política monetaria técnica e independiente, reforzar la sostenibilidad fiscal y remover los obstáculos que frenan la inversión privada son tareas impostergables. El crecimiento reciente demuestra que el país tiene capacidad de reaccionar; convertir este repunte en una tendencia duradera y acelerarla dependerá de decisiones políticas que hoy no admiten más postergaciones.