Por Luis Miguel Castilla

La aprobación del Presupuesto Institucional de Apertura (PIA) 2026 para los gobiernos locales deja una señal preocupante: el país parece haber optado por sacrificar la inversión territorial en favor de un gasto corriente creciente, aun cuando las brechas de infraestructura siguen marcando el ritmo desigual del desarrollo. El problema no es solo cuánto crece o decrece el presupuesto total, sino cómo se distribuye y con qué lógica de planificación.

Más presupuesto total, menos recursos para transformar el territorio

A primera vista, el incremento de 1.34% del presupuesto total municipal podría interpretarse como una señal de estabilidad. Sin embargo, un análisis más fino revela una paradoja inquietante: mientras el gasto corriente aumenta más de 7%, el gasto de capital —el que financia obras, infraestructura y servicios básicos— se reduce en casi 9% para el 2026. En términos simples, hay más recursos para sostener el funcionamiento del Estado local, pero menos para transformar el territorio.

Caídas generalizadas y falta de continuidad en la inversión municipal

Esta recomposición interna no es neutral. En el 65% de los gobiernos locales analizados, el presupuesto para inversión cae, y en muchos casos lo hace de manera drástica. Hay municipalidades que pierden más de la mitad de sus recursos de capital de un año a otro, lo que hace inviable cualquier intento serio de planificación de mediano plazo. ¿Cómo se puede asegurar continuidad de obras, cerrar brechas o mejorar servicios cuando el presupuesto cambia de forma tan abrupta?

Obras paralizadas y una decisión que normaliza la ineficiencia

La situación es aún más crítica si se considera que existen más de 400 obras paralizadas por falta de recursos en gobiernos locales. Que una parte importante de estas municipalidades vea reducido su presupuesto de inversión en el 2026 no es solo una inconsistencia técnica: es una decisión política que normaliza la ineficiencia y el desperdicio de recursos públicos. Las obras inconclusas no solo representan cemento abandonado, sino oportunidades perdidas de desarrollo, empleo y bienestar.

Asignación desigual y ausencia de criterios estratégicos

El problema de fondo es la ausencia de previsibilidad y criterios claros de asignación. Mientras algunos municipios duplican o incluso quintuplican su presupuesto de inversión, otros prácticamente lo eliminan. Estas disparidades extremas no responden necesariamente a necesidades territoriales ni a resultados de gestión, sino a un sistema de asignación que carece de coherencia multianual y enfoque estratégico.

Un uso cortoplacista del presupuesto público local

Si el presupuesto público es, como se repite con frecuencia, la principal herramienta de política pública, el PIA 2026 muestra un uso limitado y cortoplacista de esa herramienta a nivel local. Revertir esta tendencia exige fortalecer la planificación multianual, priorizar la continuidad de proyectos y asegurar que los recortes no recaigan sobre municipios con obras en ejecución. De lo contrario, seguiremos administrando el presente mientras postergamos, una vez más, el futuro del desarrollo local.

Lee aquí el informe de Videnza Instituto publicado en El Comercio: