Por Luis Miguel Castilla
A una semana de la segunda vuelta, es preciso indicar que ningún ejercicio analítico de las propuestas técnicas agota la complejidad de un programa de gobierno y lo que verdaderamente representa. La verdad es que no sabemos cuán indicativos son de lo que se pretende hacer o si son un mero formalismo. Aun así, la evaluación es consistente. En ejes clave económicos, como sostenibilidad fiscal, cierre de la brecha de infraestructura y formalización, el plan de Fuerza Popular se acerca de manera sostenida a una agenda de política viable, mientras que el de Juntos por el Perú se aleja de ella. Mientras FP comparte la orientación de una economía social de mercado con reglas fiscales, inversión privada y simplificación administrativa, JP apuesta por más Estado empresarial, mayor presión tributaria sin gradualidad y un alza del salario mínimo que encarece, precisamente, la formalización que dice perseguir.
La elección también se define por emociones
Y, sin embargo, esa superioridad programática podría no decidir nada. Las encuestas muestran un empate virtual, con ventaja estrecha para Keiko Fujimori, y un cuarto del electorado aún indeciso. Ese bolsón no vota en función de los planes de gobierno, sino por los sentimientos que despierta cada candidato. Decide por lo que cada opción política significa —miedo, hartazgo, esperanza, rechazo—, mucho más que por una evaluación técnica. El ciudadano frustrado con un Estado disfuncional y desconectado de la realidad no compara planes de gobierno, sino que castiga a quien asocia con el statu quo y premia a quien le devuelve una sensación de cambio que mejore su bienestar.
La importancia de construir una narrativa convincente
El mejor diagnóstico técnico pierde si no se traduce en una narrativa que conecte con esa emoción. Un plan robusto que no explica cómo cambiará la vida cotidiana y encare problemas de por qué el agua no llega, la obra se paraliza o el trámite cuesta más que el ingreso informal resulta abstracto frente a una promesa ficticia redistributiva fácil de vender.
Un debate decisivo para los indecisos
Por eso, el debate de esta noche pesa más de lo habitual. No se ganará enumerando promesas millonarias de obras, programas sociales o planteamientos populistas, sino traduciendo viabilidad en bienestar concreto, mostrando que se entiende el malestar ciudadano sin validar el falso diagnóstico de que el problema es el modelo, y ofreciendo los “cómos” de gestión que hoy faltan. Y siendo creíbles en lo que transmitan, incluidos los mea culpas que correspondan.
Más allá de las promesas, la capacidad de gobernar
Desde el análisis técnico, solo una de las dos opciones ofrece un punto de partida responsable para el país. Por el contrario, la alternativa propone experimentar con recetas ya fracasadas que el Perú no puede darse el lujo de enfrentar. Esta noche, quien una el rigor del plan con la emoción y expectativa del votante se llevará al indeciso y, probablemente, la elección. Más que un rosario de promesas, requerimos recuperar algo de esperanza en la clase política que nos ha defraudado hasta el momento. Y, desde luego, la capacidad de gobernar pensando en todos los peruanos.
Lee aquí el informe de Videnza Instituto publicado en Gestión:
