Por Luis Miguel Castilla

En campaña electoral, las diferencias ideológicas suelen presentarse como fronteras infranqueables. Izquierda y derecha compiten no solo por votos, sino por imponer visiones opuestas de país. Sin embargo, el factchecking semanal elaborado por Videnza Instituto, en alianza con Diario Correo, deja una lección incómoda: más allá de sus discursos antagónicos, algunos candidatos coinciden en algo fundamental —la debilidad técnica o inviabilidad de sus propuestas.

Remover al BCRP: una propuesta que ignora la estabilidad macroeconómica

El análisis sobre la propuesta de Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, de remover al presidente del Banco Central de Reserva parte de una crítica política, pero ignora la evidencia macroeconómica acumulada. El país registra casi 30 años de inflación controlada, uno de los periodos más largos de estabilidad de precios en América Latina. Además, el sol peruano ha mostrado una baja volatilidad frente al dólar, lo que refuerza la credibilidad de la política monetaria. En ese contexto, alterar el liderazgo del BCRP no aparece como una medida correctiva, sino como una decisión que podría generar incertidumbre, presiones cambiarias y pérdida de confianza en los mercados.

Reducir ministerios: una promesa inviable frente a los datos

En el extremo opuesto, la propuesta de Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, de reducir el número de ministerios para ahorrar S/ 80 mil millones también se desmorona al contrastarla con los datos. El presupuesto total de los ministerios bordea los S/ 79 mil millones, por lo que alcanzar el ahorro prometido implicaría, en la práctica, eliminar la totalidad del aparato ministerial. Incluso en un escenario extremo —manteniendo solo seis sectores clave—, el ahorro sería significativamente menor y con un costo altísimo: la desaparición de programas sociales, áreas ambientales y funciones esenciales del Estado.

Ambición sin sustento: el rol del factchecking

Lo llamativo es que estas propuestas no fallan por falta de ambición, sino por falta de sustento. Ambas apelan a soluciones drásticas que, en el papel, pueden resultar atractivas para el electorado, pero que no resisten un análisis técnico mínimo. En ese sentido, el factchecking cumple un rol clave: separar la retórica de la realidad y recordar que las políticas públicas no se construyen sobre intuiciones, sino sobre evidencia.

En un escenario de alta polarización, donde cada candidato busca marcar distancia del otro, el hallazgo es claro: la verdadera coincidencia no está en sus ideas, sino en sus errores. Y la verdadera división no es ideológica, sino entre propuestas viables y promesas inviables.

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