Por Luis Miguel Castilla
Lambayeque reúne todo para ser una región próspera —tierras fértiles, agroexportación, cultura y ubicación estratégica—, pero enfrenta una dura realidad marcada por la falta de agua segura, obras paralizadas, inseguridad y desconfianza institucional. Mientras el reservorio Tinajones simboliza la mala gestión entre abundancia y escasez, los agricultores pierden cosechas y los hogares siguen desprotegidos. A ello se suman pérdidas millonarias por desastres naturales, proyectos inconclusos y una ejecución presupuestal deficiente. La inseguridad, hoy el principal problema, crece pese a contar con recursos suficientes. Lambayeque no necesita más promesas, sino decisiones firmes que aseguren agua, infraestructura, salud y seguridad para su población.