Por Luis Miguel Castilla
La campaña de Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, ha decidido apostar por dos cartas igualmente preocupantes: propuestas económicas desconectadas de la realidad productiva del país y la incorporación de Pedro Francke como rostro de moderación. Ninguna resiste un examen serio.
El alza de la remuneración mínima agravaría exclusión e informalidad
La promesa de elevar la Remuneración Mínima Vital a S/ 1,500 —con la aspiración declarada de llegar a S/ 1,800— es antitécnica y populista. En un país donde el 70% de los 18 millones de trabajadores opera en la informalidad, decretar aumentos salariales no protege a las mayorías: las excluye. El incremento solo alcanzaría a entre 500,000 y 900,000 trabajadores formales, mientras eleva la valla para que las empresas formalicen empleo. El resultado previsible es más precariedad y presiones inflacionarias que encarecen la mano de obra justo cuando la productividad lleva años cayendo.
El plan de gobierno refuerza un programa abiertamente estatista
El plan de gobierno publicado ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) agrava el diagnóstico. Subordinar el Banco Central de Reserva al poder político, nacionalizar proyectos extractivos, desconocer contratos y ampliar la órbita empresarial del Estado son recetas conocidas. Venezuela las aplicó y empobreció a su población; Bolivia atraviesa hoy una crisis que su propio gobierno no logra encauzar.
La incorporación de Francke no resuelve el problema de credibilidad
El “jale” de Pedro Francke merece capítulo aparte, porque concentra el problema de credibilidad de toda la candidatura. Durante sus siete meses en el MEF se produjo la mayor fuga de capitales de la historia del Perú y las expectativas empresariales se desplomaron. Su salida fue abrupta, intentando marcar distancia del presidente que hoy es un emblema de la propuesta de Sánchez. Se nos pide creer ahora que ese mismo economista será el dique técnico de un programa todavía más a la izquierda que el de Castillo.
La moderación de fachada no reemplaza la seriedad que el país necesita
