Por Luis Miguel Castilla
Es alarmista decir que el gas natural “se va a acabar”. El Perú aún tiene enormes recursos por descubrir, pero sin inversión en exploración se enfrenta el riesgo de agotar las reservas existentes. Podemos aprovechar nuestro potencial geológico, atraer inversión privada con reglas claras y ampliar el acceso al gas como motor de desarrollo, transición energética y competitividad.
Se debe considerar la diferencia entre recursos y reservas de gas. Los recursos equivalen a todo el potencial de gas existente en el subsuelo, descubierto o no, mientras que las reservas probadas representan la porción de esos recursos que ya se descubrió y que puede ser comercialmente explotada con la tecnología y precios actuales. En otras palabras, lo que podría “agotarse” son las reservas probadas actuales, pero eso no significa que ya no haya gas en el país.
Las reservas de gas se renuevan si se invierte en exploración y se descubren nuevos yacimientos. Sin embargo, en el Perú la exploración está estancada, por eso las reservas probadas no crecen desde hace años. Aun si se consumen todas las reservas probadas actuales, quedarían amplios recursos no explorados. Por ejemplo, la Amazonía y la cuenca del Marañón tienen alto potencial, pero requieren reglas claras para operar con sostenibilidad ambiental. Además, no solo importa explorar, sino también invertir en los lotes listos para explotación (como el Lote 58).
De otro lado, las reservas solo se certifican si hay mercado. Los recursos descubiertos no se convierten automáticamente en reservas probadas. Para que se certifiquen, deben ser comercialmente viables; es decir, que exista demanda suficiente y contratos que garanticen su explotación rentable. Si el consumo interno crece (más hogares, industrias, petroquímica, transporte) o si aumenta la exportación (LNG, gas a países vecinos), entonces los inversionistas tienen la seguridad de que habrá mercado para ese gas. Una mayor demanda asegurada y un mercado en expansión hacen atractivo perforar pozos exploratorios que, de otro modo, no se justificarían. Esto puede llevar a nuevos descubrimientos que luego se certifican como reservas.
En un nuevo estudio de Videnza Instituto planteamos una hoja de ruta con medidas para dinamizar el sector de hidrocarburos (con énfasis en el gas natural), asegurar su competitividad y promover una transición energética equilibrada. El gas es el energético de la transición. El informe establece que la caída sostenida en la inversión exploratoria se debe a un marco regulatorio desfasado, poca predictibilidad contractual, sobrecarga de trámites, etc. Proponemos mejoras normativas (ley general de hidrocarburos), incentivos para la exploración y reinversión, el fortalecimiento de Perupetro, estrategias para mejorar la licencia social y la gestión ambiental, entre otros.
Conoce más en el informe de Videnza Instituto publicado en El Comercio:
