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El futuro del gas natural se juega en el presente

9 de septiembre de 2025

Por Luis Miguel Castilla

¿Es plausible que el gas natural se agote en menos de 15 años? Perupetro advierte que, sin nuevas exploraciones, el país podría comenzar a importar gas entre 2037 y 2040 si la tendencia actual persiste. Por la importancia que tiene el gas natural en la transición energética y el rol que ha desempeñado el gas de Camisea en el desarrollo nacional, urge plantear una agenda para revertir esta situación.

En primer lugar, es fundamental intensificar nuevas exploraciones e inversiones. La exploración atraviesa su peor momento en décadas: en 2024 apenas se perforaron dos pozos exploratorios, cuando hace una década superaban los diez por año. Aunque la inversión en upstream repuntó ligeramente, sigue enfocada casi en su totalidad en la explotación. La exploración recibió solo USD 39 millones (7% del total de inversión en upstream), una cifra insuficiente para revertir la caída de reservas. Según cifras oficiales, las reservas de gas natural han retrocedido a 7,876 trillones americanos de pies cúbicos (TCF) y el índice de reposición de reservas fue negativo.

Para ello, Perupetro debe reactivar la exploración mediante nuevos contratos y campañas en cuencas aún no explotadas. A los bloques en explotación deben sumarse nuevos, como el 58, con un reciente descubrimiento significativo que permite expandir las perspectivas de abastecimiento y futuras infraestructuras de transporte; el Área XCII en Madre de Dios, que se encuentra entre las más prometedoras como fuente de nuevos recursos, aunque aún en etapa exploratoria/promocional; entre otros.

Urge adoptar una agenda de reformas concretas. Se necesita actualizar la política energética nacional al 2050 reconociendo el rol del gas como combustible de transición. También es necesario modernizar el marco legal y fiscal del sector, flexibilizando permisos, contratos y regalías para volver atractiva la inversión exploratoria. La estabilidad jurídica debe reforzarse garantizando reglas claras, protección de inversiones y meritocracia en las entidades estatales. A su vez, es clave rediseñar la estrategia de promoción de lotes, dotar de mayor autonomía técnica al ente responsable y mejorar su articulación con otros organismos. Finalmente, es fundamental que los recursos generados por el gas financien desarrollo real en las regiones productoras, lo que implica priorizar sectores como salud, educación y remediación ambiental.

Esta visión es compartida por actores del sector, quienes coinciden en que la transición energética en el Perú debe ser realista, ordenada y socialmente justa. No se puede desmontar el sistema actual sin alternativas viables. El país ya cuenta con una infraestructura robusta y probada. Esa capacidad existe, está operativa y puede seguir creciendo. Apoyarse en el gas natural no significa resistirse al cambio, sino construir un puente concreto hacia una matriz energética más limpia y competitiva.

Descubre más en la columna publicada en Infobae:

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